Este pesa un kilo y medio, señora -le dijo.
La mujer pensó un momento y luego dijo:
No estoy segura que alcance. ¿No tiene uno más grande?
El carnicero devolvió el pollo a el refrigerador, simuló que buscaba entre el hielo que se derretía y sacó el mismo pollo. Esta vez, mientras lo pesaba en la balanza, aplicó disimuladamente un poco de presión con sus dedos.
Ah, -dijo, con una sonrisa-, este pesa dos kilos y medio.
La mujer pensó un momento, y haciendo algunos cálculos mentales, dijo sonriente:
No estoy muy segura. Mejor, ¡envuélvame los dos!
El engaño desagrada a Dios mientras que la honestidad y la sinceridad traen su bendición.

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